miércoles, 9 de septiembre de 2015

Emociones, esenciales para la toma de decisiones



Hablar de las emociones es más complejo de lo que parece. A diferencia de la antigüedad, hoy se les ve mucho más cerca de la razón y se piensa que son esenciales para la toma de decisiones. “Son mucho más útiles de lo que se pensaba”, aseguró Olga Elizabeth Hansberg Torres, doctora honoris causa por la UNAM.
La integrante del Instituto de Investigaciones Filosóficas (IIFs) dijo que sirven para sobrevivir en un mundo que puede ser hostil. Por ejemplo, alguien sin miedo podría perecer, porque no sabría distinguir situaciones peligrosas de las que no lo son. También sirven para interactuar con otros seres y con el entorno, para evaluar.
Las disciplinas que las analizan son la filosofía, psicología, neurociencias, sociología, antropología, economía, ciencias cognitivas, arquitectura y derecho, entre otras. Hoy son un tema común, pero antes no se estudiaban mucho; la investigación giraba en torno al pensamiento, la cognición o el razonamiento, recordó.
La exintegrante de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional señaló que la filosofía en la materia se había dejado de lado. Su primera pregunta es acerca de qué son y cuál es su naturaleza.
“Son estados mentales, junto con las creencias, pensamientos, intenciones, sensaciones y percepciones; tienen en común el llamado objeto intencional, es decir, son ‘acerca de algo’, están dirigidas a un objeto”.
En la conferencia ¿Cómo entender las emociones?, impartida en el auditorio Sonia Amelio del plantel 6 Alfonso Caso, de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), añadió que un episodio emocional es un suceso fisiológico, con cambios cerebrales y de otras partes del cuerpo, como pueden ser gestuales. Su fenomenología es característica; la tristeza, por ejemplo, se siente de cierta forma.
Tienen un componente motivacional. Nos llevan a actuar y tal acción puede ser primitiva, automática, como sucede con muchos animales, sobre todo si se trata de una amenaza o peligro inmediatos.
También las hay a largo plazo, que muchos llaman actitudes, cuando por mencionar un caso se dice: “ha estado enojado con su padre por 10 años”. Esa molestia, que no es consciente todo el tiempo, explica muchos aspectos de la conducta del individuo.
Asimismo, tienen que ver con los rasgos de carácter. Hablamos de alguien que es colérico, irritable o deprimido, agregó la universitaria.
Un problema en filosofía es el conflicto entre emociones y razón, que tiene repercusiones en la moralidad. Cuando los filósofos antiguos se interesaban en las primeras, casi siempre era para contraponerlas con la segunda y ver cómo ésta puede dominar a aquéllas. Para Aristóteles, si alguien se enoja debe hacerlo con la persona, el momento, la situación e intensidad adecuadas; la emoción debe ser “medida”.
Desde los griegos ha existido la idea de la contraposición entre ambas. La mayoría pensaba que las emociones eran disruptivas de la razón y que había que controlarlas y no dejarnos dominar por ellas. Se consideraba que inhiben la autonomía de los individuos y por eso deben ser descartadas; pero en ese caso se relacionaban con miedo, cólera, terror, celos o envidia.
En cambio, hay otras que son fundamentales, no sólo para las acciones normales, sino para la moral. “Hay filósofos que piensan que son importantes para la moralidad: empatía, compasión, ternura, simpatía, amor. Hay otras que funcionan como sanciones para actuar moralmente: la culpa, la vergüenza, el remordimiento, la indignación. Por ejemplo, sentir remordimiento es útil porque puede llevar a reparar el daño causado”.
Hansberg refirió que la conducta que producen las emociones de los animales es bastante limitada; un burro ante una situación reacciona de manera estereotipada; en cambio, una persona tiene una enorme cantidad de posibles cursos de acción.
En los seres humanos los estados mentales se dan en redes; las emociones o las creencias no ocurren solas, sino en conjunto. Los neurocientíficos han descubierto que incluso las emociones que parecían obvias y que sólo implicaban a la amígdala y el sistema límbico, en realidad involucran a muchas más partes del cerebro. “Por eso, un ser humano puede actuar de formas variadas; va a depender de lo que ha pensado antes, de su educación y vida cultural”.
Los seres humanos buscan ciertas emociones, pero no es claro por qué ocurre así: hay gente que ve películas de terror o practica deportes extremos.
Para la reflexión queda el autoengaño o redescripción que hacen las personas para no sentirse mal o avergonzadas. “Todos caemos en él, porque uno no es el mejor juez de sus propias emociones; nos podemos equivocar acerca de cuándo sentimos algo, de qué es y cómo se llama”.
Hay casos donde la emoción gana a cualquier razonamiento, los más graves de debilidad de la voluntad, de acrasia, donde sabemos lo que sería conveniente hacer y sin embargo nos dejamos llevar, como Medea, quien por celos y rabia contra Jasón mata a sus hijos. Ella sabe que hace mal y, sin embargo, lo consuma.
También existe la acrasia inversa, donde gana la emoción, pero después de un tiempo, uno se da cuenta que hizo bien, finalizó la reconocida filósofa universitaria.

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