sábado, 16 de enero de 2016

Con grafitis del siglo XVI reconstruyen historia del lugar donde habitó Sahagún





A partir del estudio de los grafitis realizados en el siglo XVI, en el Ex Convento de San Francisco de Asís, en Tepeapulco, Hidalgo, se hace una reconstrucción histórico-arqueológica de este municipio y se abre una línea de investigación en torno a esta expresión plástica mexicana en diferentes épocas y cómo ha evolucionado, informaron Pascual Tinoco Quesnel y Elías Rodríguez Vázquez, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Al participar recientemente en el ciclo de conferencias “Historia y patrimonio del México colonial. Un enfoque regional”, realizado en la Dirección de Estudios Históricos, los investigadores expusieron que los grafiteros de dicha centuria plasmaron diversas escenas de la vida cotidiana en distintos sitios de ese conjunto conventual, el cual sobresale por albergar el templo de San Hipólito, lugar donde fray Bernardino de Sahagún inició la redacción de su obra cumbre: Historia General de las Cosas de la Nueva España (1558-1561), y que posteriormente terminó en Tlatelolco.
El análisis de este conjunto de figuras, realizado durante el otoño de 2005, se reúne en el libro Grafitis novohispanos de Tepeapulco, siglo XVI, que a nueve años de haberse editado (2006), se ha convertido en un referente de consulta sobre el estudio del grafiti antiguo y es punto de partida de una investigación más amplia sobre el tema del que se conoce poco, expresaron los especialistas.
Lugares como el confesionario de la iglesia, las bóvedas o el huerto guardan vestigios de estos trazos realizados por autores anónimos. Sin embargo, muchos han desaparecido de los muros al haber sido resanados con cal por mandato de sacerdotes que se encontraban al frente del lugar, sostuvieron los arqueólogos.
Una de las escenas más representadas es la celebración de Corpus Christi, que se realizó por vez primera en la Nueva España el 11 de agosto de 1529. Figuras de vírgenes, diablos, el ritual del palo volador, castillos pirotécnicos, soldados con pantalones bombachos, espadas o con armadura, así como caballos con jinetes y fiestas taurinas que representan las costumbres medievales de la época, develan parte de esta celebración.
De representaciones prehispánicas, encontraron algunas imágenes de pirámides y del dios Tláloc. Otros trazos muestran caminos, perros, aves, banderas, estrellas,  soles, peces y sirenas, éstas últimas (símbolos mitológicos de finales de la Edad Media) aluden al vínculo que la región sostenía con el ámbito lacustre, ya que cerca de Tepeapulco se localiza el Lago de Tecocomulco, de los últimos de la Cuenca de México.
Asimismo, se vislumbran dibujos de los “tamemes”, cargadores que en la época prehispánica, entre 1500 y 1518, acompañaban a los vendedores por los caminos rurales para la venta de productos en Mesoamérica.
En su libro, Pascual Tinoco y Elías Rodríguez analizan además el concepto de grafiti y la geografía histórica de la región de Tepeapulco y los pueblos aledaños. También hacen mención de los estilos arquitectónicos (romántico, mozárabe y plateresco) en los cuales se manifestó la influencia gótica del Viejo Mundo, la tauromaquia —muy presente en los grafitis del ex convento— y la crianza de ganado bovino y caballar en el virreinato de la Nueva España.
El grafiti en el Viejo y Nuevo Mundo
Tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo, estos trazos han sido una expresión cultural de los pueblos y prevalecen más en los edificios medievales de España, en sitios romanos y de Oriente Medio, apuntó Elías Rodríguez.
“En México hay trazos de grafitis que datan de 1847 durante la invasión estadounidense al Castillo de Chapultepec, realizados por los cadetes del Colegio Militar, así como algunos hechos por los soldados de Francisco Villa, por mencionar algunos”.
Junto con el arqueólogo Igor Cerdá, de la Universidad Michoacana de San Nicolás, han sido los únicos en estudiar estas manifestaciones populares, aunque la batuta en los que datan de la época colonial corresponde a la investigadora de origen italiano Alessandra Russo, quien desde 1998 realiza diversos trabajos en varios conventos del país, y para esta investigación compartió algunas imágenes, una de ellas fechada en 1595 y otra de tamemes de 1597.
Algunos de los textos del libro Grafitis novohispanos de Tepeapulco, siglo XVI han sido traducidos al catalán, francés, chino, japonés, portugués, entre otros. El volumen fue editado por el INAH y el extinto Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en colaboración con la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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