lunes, 23 de enero de 2017

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Jóvenes demandan calidad en la educación

En los últimos 20 años la educación en la zona metropolitana del Valle de México no cambió en lo esencial, la calidad. Por eso las opciones de mayor demanda en el examen único son las mismas. No se trata ya de un tema de cobertura, ahora es la calidad. De nada sirve un joven con certificados de educación media superior si no posee los conocimientos, habilidades y destrezas para continuar sus estudios o integrarse al mercado laboral de una manera adecuada.
Cuánta razón tiene el doctor Pablo González Casanova, pero a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no le toca resolver todo el problema.
El pasado fin de semana se publicó la convocatoria para el Concurso de Ingreso 2017 al nivel Medio Superior de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, cuando se creó este ejercicio que ahora agrupa a diez instituciones, fue en 1996, en aquel entonces 127,269 aspirantes la solicitaron como primera opción, pero sólo 34,210 ingresaron.
Ahora, más de dos décadas después, serán cerca de 160 mil adolescentes los que buscarán ingresar a alguno de los planteles de la Escuela Nacional Preparatoria o del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), pero sólo 35 mil lo lograrán.
Otra vez la misma historia, “se juntó el hambre con las ganas de comer”, como dirían las abuelas. La respuesta es sencilla, se requiere calidad. La UNAM concentra más del 55 por ciento de la demanda, mientras que la segunda opción se ubica en el 15 por ciento.
Es el nivel medio superior donde se atora el Sistema Educativo Nacional, a pesar de la obligatoriedad, pero la clase política mexicana en su soberbia, cree que la educación de calidad se construye con leyes y decretos, pero no es así.
A la ley de obligatoriedad le faltó el proyecto educativo, el de formación de profesores, de instalaciones, los planes y programas de estudio, como sucede en toda la enseñanza, por eso tenemos estudiantes con certificado de secundaria que no cubren los niveles elementales en compresión de la lectura, en razonamiento matemático, y ya no hablemos en ciencias.
En este “fraude educativo” habría que investigar mucho, llega hasta los “licenciados de papel”.
Porque no se trata de ganar créditos académicos y aprobar materias, se estudia para aprender, para que los niños, adolescentes y jóvenes posean los conocimientos y las destrezas que les permitan insertarse de una manera competitiva al mercado laboral.
Hay que recordar que en aquel 1996, por presiones políticas el Instituto Politécnico Nacional (IPN) ofertó 26 mil lugares, ahora sólo 19 mil. En un proceso difícil de entender, ya que mientras la demanda crece, bajan la oferta.
Textualmente hay que decirlo: En educación hay que acabar con las simulaciones y en el nivel medio superior hay que homogeneizar la calidad, porque tenemos los extremos y muy pocos matices de grises. Urge trabajar en pos de la calidad, con la colaboración de todos, con respeto a la autonomía y características de casa institución. Basta de simulaciones en educación, se requieren funcionarios comprometidos con la enseñanza y menos aspiraciones políticas. Un educador es lo que hace falta.

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