sábado, 7 de febrero de 2015

Alberto Flandes, IGf UNAM colabora en estudios de Misión Rosetta



Alberto Flandes, investigador de la UNAM, junto con científicos de diversas latitudes, se encarga del análisis de datos que proporciona el monitor de polvo de impacto, que mide las partículas de polvo milimétrico que se mueven sobre la superficie del cometa 67P.
Como se recordará, el pasado 12 de noviembre la sonda espacial europea Rosetta hizo historia al colocar, de manera exitosa, el módulo de aterrizaje Philae sobre la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, cuyo objetivo es examinar el origen, composición y estructura de ese cuerpo celeste.
Tanto el orbitador como el aterrizador fueron equipados con instrumentos científicos que servirán para analizar el cometa. Uno de ellos es una perforadora para tomar muestras internas, además de espectrómetros que estudian la radiación emitida por el cometa, o detectores que miden los gases y polvo que emanan de su superficie.
En el caso del monitor de polvo de impacto, el propósito es calcular el flujo y propiedades de las partículas que se mueven cerca de la superficie del cometa. En ese análisis colabora Alberto Flandes, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.
El universitario explicó que los resultados obtenidos de las observaciones contribuirán a conocer más sobre el origen y evolución del Sistema Solar, además de la posibilidad de determinar la función de los cometas en la provisión de agua e, incluso, del material precursor de la vida en la Tierra.
La misión de la sonda es obtener la mayor cantidad de información posible in situ (básicamente el análisis de la radiación, de los gases y del polvo que emite el cometa), además de tomas fotográficas para conocer, entre otros aspectos, la calidad del terreno del cometa y, sobre todo, seguir su evolución a medida que se acerque al Sol para saber cómo se activa y cuáles son los procesos de esa actividad, detalló.
En el análisis de los datos que proporcionan los instrumentos científicos de Philae participan investigadores de universidades e institutos de diversos países. “Soy parte del grupo encargado del monitor de polvo que, a su vez, forma parte del conjunto de cinco instrumentos que incluyen al tren de aterrizaje”.
El monitor de polvo de impacto es relativamente pequeño, siete centímetros por lado, funciona con el mismo principio de un micrófono y es tan sensible que puede detectar diferencias de presión en el aire de la Tierra.
Tiene placas piezoeléctricas que registran cada vez que una partícula de polvo de tamaño milimétrico choca con ellas. “Con esa información pueden determinarse la intensidad del choque y tiempo de contacto, así como estimarse las propiedades físicas de las partículas, como tamaño, velocidad o si es blanda o dura. Este instrumento de la misión es relativamente simple”.
El monitor está colocado en el borde superior del aterrizador, que se encuentra posicionado sobre el cometa. A medida que el cometa se activa, las partículas comienzan a salir. “Las que caen sobre el monitor o que chocan directamente con él, nos permiten conocer de dónde provienen y su tamaño; el flujo también nos indica qué tan activo es el cometa, pues en la medida en que se acerca al Sol se vuelve más activo”, reiteró.
Los datos se concentran en Darmstadt y Colonia, en Alemania, de ahí se distribuyen a través de un sistema, donde los científicos encargados de su análisis pueden recuperarlos.
Según una teoría, los cometas están hechos del material original del que se formó nuestro Sistema Solar. De ahí el interés por saber cuáles son los ‘ingredientes’ que los conforman. Su composición promedio es agua (85 por ciento), una proporción importante de bióxido y monóxido de carbono y una pequeña de material orgánico (a base de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno); además, se ha observado que la constitución de los cometas que provienen de regiones más cercanas a la Tierra es distinta a los que están más alejados.
La mayoría de estos cuerpos están confinados a la periferia del Sistema Solar, pero cuando éste se formó prácticamente se movían por todos lados y chocaban continuamente con los planetas nuevos o en formación.
Por otra parte, añadió, es factible que fueran el medio de transporte del agua en la Tierra, aunque también los asteroides pudieron haber contribuido a ello. Es así que la misión Rosetta es relevante.
Desde el punto de vista científico es un logro que una nave pueda llegar con precisión al cometa, liberar el módulo, colocarlo sobre la superficie y seguir orbitando mientras aquél se acerca al Sol. A partir de esta misión podría obtenerse más información sobre la composición, dinámica y estructura del Sistema Solar, concluyó.

(Información e imágenes DGCS-UNAM)

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